LEO
El miércoles tenía pinta de ser un día de m****a. Tengo que madrugar más de lo usual para abrir el estudio y tengo la agenda llena: una pareja con tatuajes a juego, una tía que sólo quería enseñarme las tetas, terminarle el puto cuervo a Alex y otras personas —que parecen cientas— tatuándose sus gilipolleces sacas de Internet.
Para cuando cierro el estudio, estoy reventado, con las manos oliendo a tinta y la cabeza zumbando. Marko me arrastra al bar de la esquina. Lo necesitaba.
—¿Por qué co