Thomas se apartó a un lado. Caminó en silencio hasta la terraza y, una vez allí, sacó su teléfono. Cerró la puerta de cristal con cuidado, asegurándose de que Daniela no pudiera escucharlo. El aire fresco de la madrugada le golpeó el rostro, pero no logró calmar la tensión que llevaba en el cuerpo.
Marcó el número de Laura. Esperó unos segundos que se le hicieron eternos. Tras unos minutos, ella contestó, con la voz aún adormilada.
—¿Qué sucede? —dijo Laura.
Thomas no perdió tiempo.
—Primero… Rosalba atacó a Daniela. Casi la estrangula —dijo con voz grave.
—¿Qué? —Laura se incorporó de inmediato, la alarma clara en su tono—. ¿Pero ella está bien? ¿Y Rosalba? ¿Qué pasó con ella?
—Rosalba está detenida. Ya dimos declaraciones —respondió Thomas—. No sé cómo, pero Alejandro apareció en el apartamento de Daniela y le salvó la vida. Ella ahora está dormida de nuevo.
Laura exhaló con fuerza al otro lado de la línea.
—Por Dios, Thomas… te dije que había que tener cuidado con Ro