El estudio improvisado en el piso 34 había quedado en silencio tras el torbellino de cámaras, luces y voces. El aroma a maquillaje aún flotaba en el aire cuando Thomas y el fotógrafo, Julián, caminaron de regreso a la oficina principal.
El despacho del CEO estaba impecable, luminoso y elegante, con ventanales que dejaban caer un torrente de luz sobre el escritorio de madera oscura. Thomas se sentó en su silla ejecutiva mientras Julián conectaba la cámara al monitor de alta resolución.
—Aquí est