—Demasiada mantequilla —comenté antes de soltarle la mano.
Los ojos de Gianna destellaron con una furia repentina. Apartó la mano y dejó caer el resto del sándwich sobre el plato como si yo lo hubiera arruinado.
—¿En serio? —espetó mientras alejaba el plato unos centímetros de mí—. Consigue tu propio sándwich o, no sé, intenta pedir permiso primero. ¿O acaso solo sabes apropiarte de las cosas? Teniendo en cuenta que tú fuiste quien me llamó ladrona el otro día, pensé que tendrías un poco más d