Me obligué a mantener la mano extendida sobre la mesa.
No realizaría la investigación. No utilizaría los satélites ni consultaría los registros bancarios. Respetaría el límite que mi hermano había trazado.
—La reunión ha terminado —anuncié mientras me ponía de pie.
Salí de la sala sin dirigirles una sola palabra a los hombres que dejaba atrás. Recorrí el largo pasillo hasta llegar a una puerta que parecía una sólida placa de plata. No tenía botones ni cerraduras.
Presioné el pulgar contra un