Capítulo 40: El Tren de los Susurros Olvidados
La despedida de la villa en la Provenza fue un desgarro silencioso. Alaric e Isolde permanecieron unos minutos frente al umbral de piedra, observando cómo la primera luz del alba bañaba los campos de lavanda plateada. No había maletas, solo el peso de sus armas y la certeza de que estaban dejando atrás el único rastro de paz que les quedaba en el mundo. El romance de los Vance, que siempre había florecido en los márgenes de la destrucción, se enfre