El estruendo del helicóptero negro sobrevolando el oasis era una violación acústica que hacía vibrar las paredes de adobe de la casa, pero dentro de la habitación de Julian, el tiempo parecía haberse congelado en una burbuja de silencio antinatural. Isolde entró en el cuarto tropezando, con la túnica de lino aún desordenada y el rostro pálido por el choque de la intrusión mental que acababa de sufrir. Su conexión con Alaric seguía abierta, permitiéndole sentir la rabia volcánica de su marido mi