El tiempo se fragmentó en el pasillo de la casa de Siwa. Para Alaric, la parálisis no era solo física; era una agonía existencial. Los filamentos de energía azul del Nulificador se hundían en sus nervios como agujas de hielo, bloqueando la señal de su cerebro hacia sus músculos, pero lo que realmente lo estaba matando era ver cómo esa figura mecánica profanaba la frente de Isolde. A través del vínculo de sangre, sentía cómo la conciencia de su esposa era succionada hacia afuera, un torrente de