Capitulo 50

El sonido del disparo fue una fractura en la realidad, un latigazo seco que rebotó contra las paredes de granito de la gruta, pero no fue el plomo lo que dominó el espacio, sino la luz. En el preciso instante en que el percutor de la pistola de Cassian golpeó la bala, una explosión de energía plateada emanó del pecho de Alaric. No era fuego, ni era electricidad; era una pulsación de pura voluntad genética. Phoenix, el pequeño que hasta entonces dormía un sueño de ámbar, había abierto los ojos d
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