El traqueteo del motor de la barcaza de Omar era un sonido rítmico, casi hipnótico, que reverberaba a través de las maderas húmedas y se filtraba en los huesos de quienes buscaban refugio bajo la pesada lona de arpillera. El aire allí debajo era escaso, cargado de un olor terroso a grano viejo, yute y el rastro metálico del agua estancada del canal de Mahmudiyah. Isolde estaba acurrucada contra Alaric, sintiendo cómo cada sacudida del bote los obligaba a fundirse más el uno con el otro. Phoenix