Esto era lo que me faltaba.
―Buenos días, Samuel, soy Emilio Santiesteban, imagino que debes suponer la razón de mi llamada.
¿Complacer los caprichitos de su hija malcriada?
―Lo tengo muy claro, Emilio, así que, para que dar tantas vueltas con este asunto, ¿dime qué es lo que quieres? No estoy dispuesto a perder segundos valiosos de mi tiempo en conversaciones sin importancia.
Me dirijo al vestier y espero paciente a que me lo diga. Saco uno de mis trajes y lo pongo en la cama. Me mantengo s