Sirvo un plato para cada uno con el desayuno que entre los dos preparamos. Mis piernas se sienten temblorosas después de tanto sexo. Casi al mismo instante en que lo pienso, nuestras miradas cómplices se encuentran. Él sonríe con picardía. Sabe, que estoy pensando en nosotros y en cada uno de los encuentros apasionados que hemos tenido.
Mis mejillas se calientan, así que me veo obligada a desviar la mirada, porque no puedo ocultar que, a pesar de la extenuante tanda sexual que tuvimos, sigo des