No sé cómo sentirme al respecto. No me gustan los niños y jamás me gustarán, no obstante, hay algo en esta chiquilla que me llama la atención y que me hace imposible de resistirme a sus encantos. Es una completa belleza de pelo lacio brillante como el oro.
―¿Quieres comer algo dulzura?
¿Acabo de decirle dulzura? Vaya que esto si que no me lo esperaba. Parece que se me da bien el papel de dichoso papá.
―¿Podemos comer emparedados?
Elevo una de mis manos y me rasco la cabeza.
―No, sé cómo hac