Valeria despertó con el primer rayo de sol que entró por la ventana de la suite. Diego dormía a su lado, con el brazo protector sobre su cintura. Los tres niños —Mateo, Emma y Lucas— dormían en la habitación contigua, agotados después de la noche de juegos y emociones.
Pero el mensaje de Rafael no había salido de su cabeza: “Mañana a las 10 de la mañana en tu propia casa. Ven con toda tu familia… o la perderás para siempre.”
Valeria se levantó sin hacer ruido y preparó café. Diego apareció minu