Valeria despertó con el sol entrando por la ventana del Malecón. Por primera vez en semanas, la casa estaba en silencio y en paz. Diego dormía a su lado, con el brazo protector sobre su cintura. Los niños —Mateo, Emma y Lucas— dormían juntos en la habitación contigua. El supervisor del Estado ya se había retirado después de la resolución definitiva del juez.
Valeria se levantó sin hacer ruido, bajó a la cocina y preparó café. Miró el jardín donde los niños habían jugado el día anterior y sintió