Valeria despertó a las 7:20 a.m. con el corazón latiéndole en la garganta. El mensaje de Rafael aún resonaba en su cabeza: “Mañana a las 8 a.m. recibirás la visita final. Esta vez no será una funcionaria, ni un video, ni dinero. Será alguien que cambiará todo para siempre.”
Diego dormía a su lado, con el brazo protector sobre su cintura. Los niños seguían dormidos en la habitación contigua. El supervisor del Estado estaba en la sala, tomando notas en su libreta.
Valeria se levantó sin hacer rui