Valeria cerró la maleta con una sonrisa que no podía contener. Era la primera vez en más de un año que sentía verdadera emoción por algo que no fuera sobrevivir. El vuelo salía en tres horas hacia Punta Cana, solo ellos cinco: Diego, Mateo, Emma, Lucas y ella. Nada de escoltas, nada de supervisores, nada de abogados ni jueces. Solo familia.
Diego entró en la habitación con dos maletas más y la miró con esa sonrisa que siempre le aceleraba el corazón.
— ¿Lista, señora Montenegro?
— Más que lista