Valeria despertó antes de que sonara el despertador. El mensaje de la noche anterior le había robado el sueño: “Mañana a las 8 de la mañana recibirás un paquete en tu casa. Ábrelo delante de tus hijos… y decide si quieres seguir siendo la esposa perfecta.”
Miró el reloj: 7:45 a.m. Diego dormía a su lado, con el brazo alrededor de su cintura, respirando tranquilo después de la victoria en la junta. Los niños —Mateo, Emma y Lucas— todavía dormían en sus habitaciones.
Se levantó sin hacer ruido, s