Valeria leyó el mensaje de Rafael por segunda vez. Los números parecían quemarle los ojos: 500 mil dólares en 30 minutos o el video saldría a la luz.
Diego se levantó del sofá aún desnudo de cintura para arriba y tomó el teléfono de sus manos. Su rostro se endureció.
— No vamos a pagar ni un peso más — dijo con voz firme—. Ya le dimos demasiado. Si quiere guerra, la tendrá.
Valeria lo miró con los ojos llenos de miedo y amor.
— Diego… ese video puede destruirte. Puede destruirnos a todos. Los n