El reloj marcaba las 11:47 a.m. Faltaban solo trece minutos para el plazo que Rafael había dado.
La casa estaba en silencio. Los niños jugaban en el jardín trasero bajo la supervisión de Carolina y dos escoltas. Valeria y Diego estaban en el estudio, mirando la pantalla del teléfono como si fuera una bomba a punto de explotar.
— No vamos a pagar — repitió Diego por enésima vez—. Si pagamos ahora, nunca terminará.
Valeria caminaba de un lado a otro, nerviosa.
— Pero ese audio… si sale, pueden ac