Capítulo 25 — Déjalo entrar.

La noche estaba silenciosa.

Demasiado silenciosa.

Greta seguía acostada, inmóvil, mirando el techo como si pudiera romperlo a fuerza de rabia contenida.

Cada palabra de Theo seguía retumbando en su mente, una tras otra, como un látigo:

“Ella no es mi compañera. Tú sí.”

“No dejaré que nadie te humille.”

“Mañana serás mi Luna.”

“Si hubieras querido saber de mí…”

“Deberías preguntarte por qué te dolió tanto.”

Greta apretó la mandíbula.

—Idiota… —susurró, pero su voz se quebró un poco.

Se dio vuelta en la cama.

Luego otra vez.

Y otra.

Hasta que simplemente no pudo más.

Se levantó con un suspi

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