La noche posterior al falso compromiso fue larga para todos… pero especialmente para ellos.
Theo no pudo dormir.
Cada vez que cerraba los ojos, sentía el eco del dolor que Greta había sufrido horas antes, como un recordatorio ardiente debajo de su piel.
Su cuerpo reaccionaba antes que su mente, como si algo invisible los mantuviera unidos a la fuerza.
Azu caminaba inquieta en su mente.
—Theo… debes acercarte a ella. Está despierta. Sufre.
—No voy a ir —murmuró él entre dientes—. Ella me odia, y yo… yo también la odio
—No la odias.
—¡Sí la odio!
—Entonces ¿por qué tu corazón late más rápido cada vez que escuchas su nombre?
Theo apretó los ojos como si eso pudiera acallar a su loba.
No funcionó.
— Ve a verla, sabes que puedes sanar su dolor.
Theo se talló la cara y salió molesto.
En la cabaña, Greta tampoco encontraba descanso.
Cada centímetro de su cuerpo ardía por los golpes de Baltazar, aunque Theo había cerrado la mayoría de las heridas con su toque.
Ese simple recuerdo le rev