La noche posterior al falso compromiso fue larga para todos… pero especialmente para ellos.
Theo no pudo dormir.
Cada vez que cerraba los ojos, sentía el eco del dolor que Greta había sufrido horas antes, como un recordatorio ardiente debajo de su piel.
Su cuerpo reaccionaba antes que su mente, como si algo invisible los mantuviera unidos a la fuerza.
Azu caminaba inquieta en su mente.
—Theo… debes acercarte a ella. Está despierta. Sufre.
—No voy a ir —murmuró él entre dientes—. Ella me odia,