La transformación ocurrió en cuestión de segundos.
Un destello.
Un crujido de huesos.
Un estallido de poder en el aire.
Azura emergió en un relámpago azul plateado, enorme, elegante, con su pelaje brillante como una estrella bajo la noche.
Bark, por su parte, apareció como un coloso blanco, tan imponente que la tierra pareció temblar cuando sus patas tocaron el suelo.
Los dos lobos se miraron, sus ojos —uno dorado, uno celeste— ardiendo con la misma intensidad.
Rafael silbó en cuanto los vio aparecer entre los árboles.
—Wow… si que tienes un gran lobo, Alfa —dijo mirando a Bark con una mezcla de respeto y sorpresa.
Bark levantó la cabeza con orgullo, su pecho expandiéndose.
Azura se adelantó un paso, elegante, majestuosa.
Rafael quedó sin palabras.
—Luna… eres hermosa.
Lana asintió con una sonrisa tranquila.
—Y lo más importante… poderosa.
Azura bajó la cabeza aceptando el cumplido, pero sus ojos seguían atentos al bosque.
Rafael fue el siguiente en transformarse.
Un lobo marrón oscur