Aunque estaba Marta conmigo en casa, las mañanas sin mi marido eran horribles a pesar de la paliza que me dio la noche anterior. No podía hacer nada más que obedecer a David, yo lo amaba y nunca me iba a separar de él, por muy cabrón que fuera conmigo. Al mediodía vino David a casa, me acerqué a la puerta con ilusión esperando que me diera un beso o me dijera algo, pero cerca de él, me dio su chaqueta y su corbata dando después una orden.
—- Deja la ropa en el dormitorio y después ven al salón,