Avery
El despertar no llegó con la luz del sol, ni con el sonido de una alarma. Llegó con una sensación húmeda y exquisitamente cálida entre mis muslos.
Me moví entre sueños, soltando un gemido bajo que resonó en la habitación silenciosa. Sentí un cosquilleo en mi vientre, descendiendo hacia ese punto sensible entre mis piernas. Mis ojos pesaban, pero mi cuerpo ya estaba despierto, respondiendo con una urgencia que no reconocía como mía.
Abrí los ojos lentamente, me costó un segundo orientarme. Las sábanas de seda negra, el aroma masculino… y la deliciosa presión en mi sexo.
Alcé la cabeza de la almohada y miré hacia abajo.
Damon estaba allí.
Mi corazón dio un vuelco. Él estaba metido entre mis piernas abiertas, su cabeza oscura inclinada sobre mi coño, "desayunando" de mí con una devoción lenta y tortuosa.
—Damon... —susurré, mi voz ronca por el sueño.
Él no se detuvo. Al escuchar mi voz, sus manos grandes, que descansaban sobre mis caderas manteniéndome anclada al colchón, apretaron