Stella
El beso que selló nuestra tregua no fue el final de la batalla, sino el inicio de una conquista mucho más profunda.
Xander invadió mi boca con una voracidad devastadora, nublando mis sentidos. Sentí sus manos, grandes y firmes, viajar por mi espalda, reclamando cada centímetro de piel que el vestido aún ocultaba, hasta que la tela se convirtió en un obstáculo insoportable.
—Quítamela —ordenó contra mi boca, su voz ronca vibrando en mi pecho.
No necesité que me lo dijera dos veces. Mis manos buscaron los botones de su camisa mientras él prácticamente rasgaba la cremallera de mi vestido. El sonido de la tela cediendo resonó en la cocina vacía. Cuando el vestido cayó al suelo, sentí el aire frío de la casa golpear mi piel, pero fue instantáneamente reemplazado por el calor abrasador del cuerpo de Xander pegándose al mío.
Me alzó de nuevo sobre la isla. Esa vez, sin la barrera de la ropa. Se deshizo de su pantalón y bóxer con urgencia. Quedó desnudo en toda su gloria frente a mí.