Gia
El sonido de los cubiertos chocando contra la porcelana fina debería ser un ruido agradable, el acompañamiento perfecto para una cena en uno de los hoteles más exclusivos de la costa…
Sin embargo, para mí, sonaba como el tictac de una bomba de tiempo que nunca estallaba.
Frente a mí, Oliver ni siquiera había tocado su copa de vino. La luz azul de la pantalla de su teléfono iluminaba su rostro, proyectando sombras duras bajo sus ojos, haciéndolo parecer un espectro en lugar del hombre con el