Avery
Un suave ding anunció nuestra llegada al ático, pero Damon no me soltó. Las puertas se abrieron revelando un espacio inmenso, sumido en la penumbra, donde una pared de cristal enmarcaba el cielo nocturno de Las Vegas.
—Bienvenida a mi mundo —murmuró, guiándome hacia el centro de la sala.
Mi corazón latía desbocado, una mezcla de terror y una anticipación exquisita que me humedecía las bragas con cada paso. Damon se detuvo frente al imponente ventanal. La ciudad estaba a nuestros pies, vib