Gia
La pantalla de mi móvil brilló en la oscuridad de la habitación, burlándose de mí.
«Lo siento, Gia.
La conferencia con Zúrich se ha complicado por el cambio de horario.
No me esperes despierta. Te quiero»
Leí el mensaje tres veces. Cada palabra era un golpe seco contra mi autoestima. Una grieta más en la ridícula fachada de matrimonio perfecto que tanto intentaba sostener. Terminé sirviendome un trago. Un whisky ámbar que quemó mi garganta al bajar, pero no tanto como quemaba la indiferenc