Brielle
Su boca fué un asalto, un reclamo bárbaro y delicioso que me robó el último rastro de cordura. Ethan no pidió permiso, separó mis muslos con la fuerza de sus hombros anchos y hundió su rostro en mi intimidad como un hombre hambriento frente a un banquete.
El primer contacto de su lengua áspera y caliente contra mi clítoris me hizo arquear la espalda violentamente. Ahogué un grito mordiendo el dorso de mi mano, mis ojos llenándose de lágrimas por la intensidad repentina.
Su boca devoró