Brielle
Su boca fué un asalto, un reclamo bárbaro y delicioso que me robó el último rastro de cordura. Ethan no pidió permiso, separó mis muslos con la fuerza de sus hombros anchos y hundió su rostro en mi intimidad como un hombre hambriento frente a un banquete.
El primer contacto de su lengua áspera y caliente contra mi clítoris me hizo arquear la espalda violentamente. Ahogué un grito mordiendo el dorso de mi mano, mis ojos llenándose de lágrimas por la intensidad repentina.
Su boca devoró mi sexo, sus manos sujetaban mis glúteos, abriéndome para tener mejor acceso a mi coño. Un sonido obsceno llenó la oficina mientras su lengua se deslizaba sobre la cremosidad empapando mis pliegues.
—Dios… Ethan… —gemí contra mi piel, mis dedos hundiéndose desesperados en su cabello negro, tirando de él, sin saber si quería alejarlo o empujarlo más contra mi entrepierna.
Él no se detuvo. Gruñó contra mi carne, una vibración que resonó en mi centro palpitante, y aumentó el ritmo. Su lengua era un