Ava
El sonido de mi pesada respiración y mis zapatillas de punta contra el suelo eran lo único que rompía el silencio sepulcral del estudio. Eran casi las once de la noche y no quedaba nadie en el edificio, además de mí… y él.
—Detente —ordenó Kaden. Mi cuerpo obedeció de inmediato, sometiéndose ante esa voz grave y autoritaria que me provocaba un cosquilleo en el bajo vientre.
Bajé de la punta intentando controlar el temblor de mi pierna. Mi leotardo negro estaba adherido a mi espalda como una