Ava
...y me deslizó sobre su miembro lentamente, abriéndome para él.
Gemí al sentirlo llenarme deliciosamente, estirando mis paredes internas con una fricción tan dolorosa como placentera. Mis uñas se clavaron instintivamente en su espalda, arrugando su camisa.
—Mírame —ordenó con voz ronca.
Alcé la vista, con los ojos vidriosos, para encontrarme con los suyos. El verde de sus ojos había desaparecido, eclipsado por dos abismos negros de pura lujuria.
Su máscara de frialdad académica se había hecho pedazos. Frente a mí no estaba mi profesor, sino un hombre primitivo contemplando su conquista.
—Respira, Ava —susurró, sosteniéndome en el aire como si la gravedad no existiera para él—. Aguántalo.
Me deslicé hasta el tope y mi visión se nubló. Su grosor me llenaba de una forma que bordeaba lo obsceno. Kaden cerró los ojos, su mandíbula tensa, y sus manos grandes moldearon mi trasero con posesión, anclándome para lo que venía.
No necesitó apoyarme contra ninguna pared. Comenzó a moverme, a