Capítulo 100.
Capítulo 100.
Cuando crucé el último control fronterizo, sentí un nudo en el estómago. No por miedo, sino por todo lo que significaba estar de vuelta. El paisaje había cambiado, pero no tanto como yo. El Norte seguía teniendo esos árboles altos que parecían tocar el cielo, el aire olía a madera y a nieve. Pero esta vez no venía huyendo. Esta vez elegí venir.
Hugo dormía en su asiento con la boca entreabierta y el peluche de la oreja rota pegado a la mejilla. A veces hacía un ruidito mientras