Luis Fernando apretó los puños, intentando contenerse. Sabía que estaba a punto de tomar una decisión que, aunque no le gustaba, era la única forma de asegurar su futuro y el de su hijo. A pesar de la rivalidad que existía entre él y Guillermo, su meta era clara: regresar a sus manos lo que injustamente le habían quitado. En su interior, Luis Fernando sentía que sus intenciones eran nobles y que estaba muy lejos de parecerse a su madre, Greta, quien había sido capaz de hacer cualquier cosa por