La angustia invadía a Guillermo. No sabía cómo manejar la situación y temía decirle la verdad a Monserrat. “¿Cómo le digo que su padre ya murió y que ella estuvo en su funeral? Esto es una locura. Tengo miedo de cuál será su reacción”, pensaba mientras la miraba, intentando disimular su nerviosismo.
—Entonces, ¿qué pasa, Guillermo? ¿Por qué te quedas callado? —preguntó Monserrat, con un tono que reflejaba su inquietud.
—Monserrat, cariño… es que ha pasado algo que tal vez te parezca bizarro —le