Guillermo caminaba de un lado a otro en la sala de espera del hospital, frotándose las manos por los nervios. Monserrat estaba siendo atendida en emergencias por el mismo médico que se había encargado de su tratamiento tras el accidente. Había pasado aproximadamente una hora, que para Guillermo se sentía eterna. Las puertas de la emergencia se abrieron de repente y su corazón comenzó a latir con fuerza al ver salir al doctor.
—Señor Lombardo, es un gusto verlo, aunque sea en estas circunstancia