Al día siguiente, una llamada inesperada despertó a Luis Fernando y a Grecia. El timbre del teléfono rompió el silencio de la madrugada, el sonido se escuchó en la habitación como un presagio de malas noticias.
—¿Hola, quién es? —respondió Luis Fernando, con la voz débil entre dormido y despierto. Eran las 5 de la mañana y la llamada llegó de forma abrupta, provocándole una angustia desagradable en el pecho, imaginando que podía ser una mala noticia.
—Lic. Burgos, ¿qué pasó? —dijo Luis Fern