Había una tensión muy fuerte en la habitación. Grecia y Luis Fernando estaban atónitos, observando a Pasquel, quien se encontraba visiblemente afectado. A pesar de que el doctor ya le había advertido que algo así podía suceder, no se sentía preparado para vivir algo tan doloroso como esto. La angustia en su rostro era evidente.
—No, no puede ser. Hijita, soy yo, tu papá. ¡Mírame! —le decía Pasquel con la esperanza de que lo recordara intentando controlarse, pero fue inútil, el desespero se tran