Grecia observaba la habitación con una atención casi reverente, como si cada rincón y cada detalle quisiera grabarlo en su memoria para siempre. Sus ojos recorrían las paredes decoradas con cuadros de paisajes nevados, cada uno enmarcado con madera oscura que contrastaba maravillosamente con el suave tono crema de las paredes. La luz tenue que emanaba de la lámpara de aceite creaba un ambiente cálido y acogedor, haciendo que el frío exterior pareciera aún más distante. Era como si aquel lugar,