Mercedes estaba en estado de shock, incapaz de asimilar la magnitud de la noticia que acababa de escuchar. Su mente daba vueltas, y una mezcla de incredulidad y furia se apoderaba de ella.
—¡Dios mío, no puede ser! —gritó, con una intensidad que reflejaba su indignación—. ¿Cómo es posible que usted haya engañado a Luis Fernando de la forma más vil y descarada? ¡Él siempre ha confiado en usted ciegamente! Lo ve como si fuera un padre.
Mientras Mercedes hablaba, sus ojos ardían de furia, y