La mirada del profesor Levis se volvió fría y penetrante, tan afilada que hizo que Sabrina sintiera un escalofrío recorrerle la espalda.
—Será mejor que rece por usted misma si tuvo algo que ver en este asunto —dijo con voz firme y cortante—. Mi laboratorio no es lugar para alguien como usted. Empaque sus cosas y váyase… cuanto antes.
Sabrina se quedó sin aire.
No podía creer lo que escuchaba.
Al final, también había caído.
El laboratorio del profesor Levis era el más prestigioso de toda l