De hecho, creo que lo amaba.
Siempre lo esperaba en el camino por donde él pasaba, solo para verlo una vez más.
Estudiaba sin descanso, intentando acercar su nombre al de Alexander en la lista de calificaciones.
En secreto rompía todas las cartas de amor que otras chicas le daban y las tiraba. Luego tomaba el cuaderno de Alexander y lo guardaba como un tesoro.
Cocinaba todos los días la comida favorita de Alexander, pero jamás se atrevía a entregársela.
Con el tiempo también comprendí