Era un alivio saber que había recuperado sus recuerdos.
Por fin volvía a ser el verdadero Simon.
Ni el doctor Raymond ni William sabían que había sido ella quien aprobó el procedimiento de hipnosis, ni que había intervenido personalmente durante el proceso.
Su intención, desde el principio, fue darle un descanso a su mente durante unos años.
Si su conciencia era lo suficientemente fuerte, sabía que algún día lo recordaría todo.
Simon se recuperó mucho más rápido de lo que Isabella había imaginado.
—Lo lamento —dijo Isabella en voz baja.
—Está bien. Nunca te culpé —respondió Simon con suavidad—. Fui yo quien lo pidió… en realidad debería darte las gracias.
Isabella murmuró un leve “um” y, después de eso, ambos guardaron silencio.
Ninguno colgó la llamada.
Simon abrió la boca, nervioso, con las manos sudorosas.
Quiso decirle “me gustas”, pero no se atrevió.
¿De qué serviría?
Isabella tenía novio, y él no podía hacer algo tan inmoral.
Amarla era una cosa; hacerla sentir inc