Trista lo notó. No sabía explicar qué había cambiado, pero Simon ya no era el mismo.
Parecía más tranquilo. Más humano.
Más… real.
La princesa había estado intentando verlo durante días, pero siempre la habían detenido.
—¿Puedes mostrarme su foto? —preguntó Simon con serenidad.
Hasta ese momento había intentado evitar todo tipo de problemas, pero ahora que había recuperado la memoria, sabía que debía enfrentarlo con valentía.
Trista sacó su teléfono y le mostró una imagen.
—Esa es ella. —Le explicó—.ella es la princesa Simon.
Luego añadió con una ligera sonrisa:
—Mírala bien. Sus ojos se parecen un poco a los tuyos. ¿Será posible que sean medio hermanos?
La broma, que sonó ligera, golpeó de lleno el corazón de Simon.
Recordó vagamente su infancia: una vida cómoda al principio, seguida de una pobreza repentina. Siempre pensó que era solo una ilusión, fruto de haber visto demasiados dramas.
Pero ahora empezaba a sospechar que era verdad.
Tal vez, en efecto, era medio herm