—¡¿Qué has dicho?! —exclamó Ónix, dando un golpe feroz que hizo que el hombre casi aullara de dolor. Su cuerpo tembló, la sangre dejó de circular a la velocidad normal mientras su rostro se distorsionaba por el dolor agudo de la bofetada.
—¡Tengo un video donde puedo probarlo todo! Por favor… —imploró el hombre, con una desesperación palpable en su voz, sus ojos rojos por las lágrimas y el miedo.
Ónix y Rafael se miraron en silencio, la tensión entre ellos se acumulaba, como si pudieran sentir l