Joaquín y Aimé regresaron a la casa, pero ella no podía quitarse la ansiedad de encima.
—¿De verdad se quedará con la empresa y todo lo que construyó mi padre? —preguntó Aimé, su voz temblando con la mezcla de preocupación y rabia contenida.
Joaquín la miró, sus ojos oscilando entre la preocupación por su sobrina y la firmeza de su experiencia.
—Tranquila, mi niña —respondió con calma, intentando infundirle algo de paz—. Confía en tu tío y en tu padre, recuerda que más sabe el diablo por viejo q