—Está bien, si quieres una noche con mi mujer, te la daré.
Ónix colgó la llamada, dejando un silencio tenso que parecía llenar toda la habitación. Selene se llevó las manos al rostro, su expresión llena de pánico.
—¿De verdad, Ónix? ¿Harás algo tan cruel? —preguntó con la voz temblorosa, sus ojos húmedos brillando bajo la tenue luz.
Ónix, que hasta ese momento parecía tranquilo, se levantó con determinación y la miró directamente a los ojos.
—¿Tú crees que soy capaz de entregarte a otro hombre?