—¡No te atrevas a disparar! —exclamó Joaquín
—¡Mi hija está muriendo, y espera un hijo tuyo, Joaquín!
Los ojos de Joaquín se ensancharon al escucharlo, no pudo evitar sentir miedo, y ver a Diana de reojo, quien estaba tan sorprendida como él.
El padre de Felicia bajó el arma.
—¡Tienes que hacerte cargo de tus obligaciones! Debes reconocer a tu hijo, y divorciarte de ella, porque ahora mi hija será tu esposa.
Diana retrocedió un paso y los hombres de Joaquín detuvieron al hombre y le quitaron la