—¡Escúchame, Felicia! No puedo decidir lo que tú hagas con tu cuerpo, pero no aceptaré tus chantajes, si decides terminar el embarazo, puedes hacerlo, pero te olvidas siquiera de que yo vuelva a ver tu cara, porque te despreciaré hasta mi muerte, en cambio, si eliges tenerlo, yo cuidaré de mi hijo y de ti por ser su madre.
—¡Yo te quiero conmigo, Joaquín!
—Lo siento, Felicia, es todo lo que puedo ofrecerte, tómalo o déjalo.
Joaquín salió de ahí, ella sollozó sin control.
Encontró al padre de Fe