Cuando llegaron al hospital, bajaron la camilla y trasladaron a Diana al hospital.
Joaquín los seguía, miraba a su esposa, ¡era ella! No parecìa haber cambiado, quizás sus cabellos eran màs largos, pero su rostro, seguía siendo el mismo de hace siete años, estaba herida, o eso decían, porque no podía ver, salvo unos moretones, quería abrazarla, quería besarla, si hubiese podido la habría tomado en sus brazos para nunca soltarla.
Pero, al cruzar la zona de emergencia, ya no le dejaron pasar.
Joa